La fuerza mágica que produce riqueza es: la ética

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La fuerza mágica que produce riqueza es: la ética,
hoy es el único camino par sobrevivir en los
mercados de alta competencia y representa la
 megatendencia en el siglo XXI, si no es ético no
hay posibiliddes de triunfar.



 Claro, si partimos de una mente torcida que piensa que triunfar es acumular riqueza sin importar los medios para lograrlo, nos enfrentamos a un depravado que ha hecho su vida alrededor del axioma de: “transa y avanza” y bien puede estar en este momento huyendo o esperando una sentencia por los crímenes que ha cometido, o en otro de los casos “gozando” de algo que jamás podrá disfrutar plena-mente, el tener dinero no da la virtud para disfrutarlo, pues carece de raíces y día a día se va asfixiando en un vacio total, por esa sed infinita que no puede ser colmada, mas que con el cumplimiento de una misión existencial.

La ética es el paradigma hacia el progreso, los productos con una base ética en calidad, precio, entrega, servicio, son los que se han colocado en la punta de la prosperidad y son nuestro futuro, el cual exige un cambio radical en nuestra forma de pensar.  A causa del pensamiento heredado del conquistador quien sólo a través del despojo y el robo le era posible progresar, esta es la excusa por la cual algunos pseudopolíticos creen que el haber llegado a un puesto importante les da el derecho de robarnos.  El mismo complejo del que sufrian en tiempos pasados los aristócratas que vivían injustamente del esfuerzo de los demás y todo por un aberrante derecho de sangre que les confería el poder de explotar y matar, títulos de nobleza que no significaban nada mas que depravación en el uso de un poder que no tenía nada de divino y mucho de criminal.

 Algunas personas piensan equivocadamente que para ser honesto hay que sacrificar muchas cosas, sería tanto como cuestionar, ¿qué será mas importante, comprarme un traje o alimentar a mi hijo?, y si acaso ese sujeto dejara a su hijo morir, establece con esta desición su escala real de valores.  No es sacrificio alguno renunciar a valores que no poseemos, por supuesto los libertarios que dieron su vida por la independencia de sus países, para ellos su sacrificio real y cotidiano era vivir en la esclavitud, así el ser humano honesto no sacrifica absolutamente nada; entiende que la esencia de la integridad es ser él mismo y nadie mas, y le produce una inmensa felicidad cada vez que tiene la oportunidad de confirmar su propia identidad.

Tomado de: Valores de excelencia para triunfar.  Miguel Ángel Cornejo.


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Crisis de la Crisis

Las crisis marcan las pautas para generar el cambio, su presencia produce un desorden en lo establecido y así, cuando el ser humano percibe que sus expectativas no corresponden a la realidad se ve sacudido por lo inesperado.  Cuando nuestra salud, economía, entorno social y familiar no obedece a nuestros deseos nos enfrentamos a una crisis entre el ES y el DEBE SER, y dependiendo de la magnitud de la desviación será su gravedad.  Actualmente en gran parte del mundo se vive la crisis como megatendencia: Las empresas no logran los objetivos planeados; la paz social es constantemente sacudida por una multitud de inconformidades económicas, políticas e incluso étnicas y religiosas; la juventud se haya extraviada en un marasmo de estímulos falsos; la ecología que cada día se deteriora, los conflictos internacionales se multiplican, en fin, vivimos momentos de cambio que lo mismo nos pueden impulsar a mejorar o empeorar, pero lo único cierto y definitivo es que no permaneceremos igual que antes de la crisis.


Crisis: Momento decisivo para avanzar o retroceder; evolucionar o involucionar; crecer o decrecer; momento decisivo que nos permite caminar hacia la plenitud o decrepitud.  En esencia la crisis nos revela la naturaleza real de nuestros propios valores, nos enfrenta a la verdad y en muchas ocasiones nos lleva a cuestionarnos sobre nuestra propia razón existencial:  ¿Por qué a mí me tenía que suceder?

En tiempos pasados hicimos del uso de la espada una virtud, de la guerra cultivo de héroes, más aun por su capacidad para generar muerte y destrucción.  Le conferimos títulos de nobleza al explotador, los países colonizadores medían su poder por su capacidad de expropiación.  En los albores del siglo XXI podemos concluir que nos equivocamos, que hoy son tiempos de retomar los caminos correctos, pues la experiencia nos señala que el origen de los conflictos del pasado y el presente es uno solo:  VALORES.

Tomado de: Valores de excelencia para triunfar. Taller del éxito. Miguel Ángel Cornejo.


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¿Crees verdaderamente en lo que haces?

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Odio la hipocresía más que cualquier otra cosa, y no podría permanecer en un trabajo donde mis ingresos dependieran de ignorar los principios que quiero que gobiernen mi vida.

Es muy triste ver a una persona joven, fuerte, brillante y prometedeora, tratando de mantenerse a sí misma y a su familia en un trabajo que ella no aprueba, que está disminuyendo sus ideales, que rebaja su naturaleza, que hace que se odie a si misma, que ahoga lo mejor y mas noble que hay dentro de ella.

Podrás tener un gran sueldo, pero esto no es garantía de éxito por si solo.  Si ganar dinero se ha convertido en tu mayor prioridad, te has quedado atrás, sin importar cuanto hayas acumulado.  Alguien decía alguna vez: “es pobre quien no tiene dinero”.  Si tu dinero ha sido mal habido, si hay una mancha de avaricia en él, si la envidia y la codicia han ayudado a acumularlo, si has debido pisotear los derechos y la integridad de otros en él, si hay una mancha de deshonor en tus acciones, o si alguien de dudosa reputación está entre tus mas cercanos, no te enorgullezcas de tu éxito, pues has fracasado.  Ganar dinero haciendo trabajo sucio es un mal negocio, no importa como tratemos de disfrazarlo.

 Hay miles de indicios dentro de ti que muestran que el Creador no te hizo para lo mediocre, sino para hacer el bien.  Haz el bien y el universo y la infalible ley de la causa y efecto te ayudarán, porque el logro de la rectitud es el plan del universo.

Muchas personas pretenden engañarse a si mismas diciendo que, aunque odian lo que hacen, sólo lo harán hasta que hayan ahorrado lo suficiente para poder renunciar y dedicarse a algo mas.

 No te engañes con la esperanza de ganar dinero limpio en un trabajo sucio.  No te engañes tampoco pensando que puedes subir el nivel de un mal negocio, o convertirlo en algo respetable.  Muchos hombres han llegado a su ruina tratando de hacer esto.  Si lo que estás haciendo esta mal, deja de hacerlo.  Renuncia.  Si dudas, o si sospechas que estás doblando tu conciencia, no tomes riesgos con él.  Déjalo antes que sea demaciado tarde.

Una gran familiaridad con un mal negocio, poco a poco lo hará parecer un buen negocio.  Si da buenas ganancias, finalmente callará tus dudas, pero debilitará tus facultades morales.  No juegues con fuego, porque corres el peligro de quemarte.  Recuerda que cada repetición de un actohace más probable que se repita, convirtiendo rápidamente al ejecutor en un esclavo.  Cuando eliges al principio, al final te obligas, y pronto descubres que estás tan amarrado a tus pobres decisiones que es casi imposible escapar de sus consecuencias.

No elijas un trabajo, sólo porque te ofrece más dinero, una mejor promesa de una recompensa material, fama o publicidad; elige aquel que sacará a relucir tu potencial y tu carácter, que desarrollará tu mayor fortaleza, habilidades y nobleza personal.  Una conciencia limpia es más importante que la riqueza y la fama.

 Tomado del libro: El poder de creer en uno mismo.  Orison Swett Marden.  Taller del éxito.



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¿El cliente tiene la razón?

Puede que sí, puede que no. Durante mucho tiempo, parte de la valoración empírica del buen comportamiento de los individuos y las organizaciones en relación con la calidad del servicio giró en torno a esta suprema verdad. Bastaba con decirle sí, sí, sí al cliente —con una complacencia no del todo franca y consecuente— para dejar a salvo la integridad y la buena voluntad de los administradores del negocio. Pero si examinamos las implicaciones profundas de esta vieja fórmula, nos daremos cuenta de que proviene de una presunción de conflicto, duda o malestar.

Si el cliente cree tener la razón y se manifiesta en tal sentido, es porque percibe que algo no está bien, o que algo debe mejorar. Esto significa que la organización no se ha preparado lo suficiente para darle plena satisfacción al cliente, que no se ha adelantado a las posibles objeciones y quejas, que los canales de comunicación y asesoría han sido deficientes, que no ha estudiado y trabajado a fondo en las debilidades de su oferta.

Admitir que todos los clientes tienen la razón y no capitalizar, no aprovechar al máximo esa interacción a favor del negocio no sólo pone de manifiesto que existe una limitada visión, una gestión corta. En últimas, se convierte en una prueba irrefutable de que los dueños y administradores del negocio no sienten la necesidad, el deseo apremiante de calzar los zapatos de sus clientes, de ponerse en su lugar.

Un buen indicador de nuestros estándares de calidad lo constituye, sin duda, el número semanal o mensual de clientes que llegan a las oficinas esgrimiendo alguna “razón” más o menos valedera. Por supuesto, estos clientes siempre tendrán la razón, si es que queremos conservarlos, pero lo que en verdad debería importarles a las compañías y a los individuos que reciben estas “razones” debería ser:

a. Encontrar e implementar los instrumentos necesarios para medir y clasificar la pertinencia y la importancia de los argumentos expresados por sus clientes.
b. Ir más allá de las explicaciones verbales con límite de tiempo (nada de “sí, gracias por su comentario, lo tendremos muy en cuenta. El siguiente…). La buena administración de las razones del cliente dista muchísimo de las simples palmaditas en el hombro o de los odiosos contentillos. Hay que trasladarle al cliente la sensación de que ha sido bien escuchado, que su razón tendrá un trámite metódico y juicioso y que se tomarán decisiones concretas para atender o resolver la situación.
c. Más que improvisar una respuesta cortés (o fingida, en muchos casos), lo que cualquier cliente espera cabe en dos palabras: acciones y resultados. Un protocolo adecuado le demostrará a los clientes que las compañías y los individuos están entrenados para encarar y tramitar la mejor respuesta a todo tipo de razones.

En mis seminarios de Excelencia en el Servicio suelo darle un giro novedoso, un cambio de enfoque a la vieja fórmula. Claro, el cliente siempre tendrá la razón, esa es una maniobra de sentido común y de conveniencia, pero… ¿más allá de que la tenga o no, obtendrá la satisfacción que espera? ¿Seguirán algunas compañías ofreciendo satisfacciones apresuradas, prefabricadas, momentáneas y superficiales? La fórmula a tener en cuenta, la más definitiva de todas, lo que de veras importa es ni más ni menos que esto:

El cliente tiene la chequera… y las últimas palabras: me quedo / me voy.

Pregunta: ¿Cuántos clientes tiene nuestro negocio?

Respuesta:

Uno, sólo uno y nada más que uno. El que estoy atendiendo en este preciso momento, el del momento de la verdad.

Tener una perspectiva amplia, creativa y diferente sobre la cuantificación y la cualificación de nuestros clientes es la piedra angular que soporta el concepto de la personalización del servicio. Un pequeño negocio puede tener diez o veinte clientes pobremente atendidos, en tanto que un negocio de gran envergadura puede tener miles y miles de clientes y tratarlos, administrarlos de tal manera que cada uno sienta que es un cliente único, especial, privilegiado. Construir esta diferencia parece sencillo, pero no lo es. Se requiere de una estrategia múltiple de selección, capacitación, aplicación de sistemas y evaluación de comportamientos para alcanzar la excelencia en la personalización del servicio.

En un reciente seminario sobre excelencia en el servicio, un asistente, encargado del departamento de servicio al cliente de una gran compañía, nos relataba paso a paso cómo habían convertido una situación compleja y difícil en una oportunidad de lucirse con el afectado. “Impecable —dijo finalmente el cliente— impecable la forma en que procedieron ustedes y, sobre todo, su actitud. ¿Saben una cosa? Me hicieron sentir que tenían todo el tiempo del mundo para resolver mi caso, que yo no los estaba fastidiando ni que era parte de una lista de quejosos o inconformes por atender. Me sentí como si fuera el único cliente de su empresa. Eso no se ve todos los días, y se lo agradezco de todo corazón”.

“Si les llegas al corazón, te quedas en la mente de los clientes. Esa es nuestra estrategia”, comenta la cofundadora de una de las empresas más exitosas de Colombia en la última década. Parte del know how de esta ejemplar cadena de restaurantes consiste en sentir y vivir ese principio, en vibrar con esa suprema verdad:

Cliente no hay sino UNO, el que atiendo en este preciso momento, el del momento de la verdad.

 Tomado de www.winworkconsultores.com



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Henry Ford solía decir: “tanto la persona que cree que puede, como la que cree que no puede, las dos están en lo cierto”


Henry Ford solía decir: “tanto la persona que cree que puede, como la que cree que no puede, las dos están en lo cierto”,  Si hay algo que tienen en común los grandes emprendedores es una gran fe en ellos mismos.  Poseen una fe inquebrantable en su misión, sus habilidades y sus metas, y esta confianza multiplica su poder y libera su verdadero potencial.  El mundo le abre campo a una persona decidida.  Los fracasos no logran desanimarla, las caidas no pueden desilusionarla y las dificultades no lo desvían ni un centímetro de su destino.  Pase lo que pase, mantiene la visión en sus objetivos y sigue hacia adelante.

No hay nada que pueda ayudar a triunfar a una persona que no cree en si misma.  El fracaso comienza con la duda o el desprecio de nuestras propias habilidades y la pérdida de la confianza en nuestra capacidad para hacer que las cosas sucedan.  En el momento en que siembras duda y comienzas a perder la fe en ti mismo, te conviertes en tu peor enemigo.

 Muchas personas desean triunfar, quieren hacer realidad sus sueños, desean construir grandes negocios y hacer algo extraordinario con sus vidas, pero la duda se ha apoderado de su manera de pensar.  Su falta de confianza en si mismas las debilita.  La profesía del fracaso se puede ver en su cara.  Se dan por vencidos antes de comenzar la batalla.


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